miércoles, 26 de mayo de 2010

La leyenda del árbitro orquesta (J.L González)


Querido lector,

Continuando con los artículos que considero de lectura obligada si eres un devoto del baloncesto, aquí te dejo uno muy interesante escrito por Jose Luis González para TeamBasket. Espero que lo disfrutes y que puedas sacar alguna reflexión. Si la tienes, te invito a que la comentes abajo.


Permitirme que descienda a los ‘infiernos’ del baloncesto base para contar una experiencia inquietante, la de un ‘árbitro orquesta’ que asegura estar estresado y que ha decidido dimitir. Cuidar el baloncesto base supone cuidar dos colectivos fundamentales: entrenadores y árbitros.

Por desgracia, en casi toda España (hay honrosas excepciones) los clubes no se toman demasiado en serio esta premisa y nos topamos en ocasiones con entrenadores de base que son una auténtica ruina para la formación integral del joven deportista, tanto como jugador, como persona. Por desgracia, es cada vez más frecuente, encontrarse con entrenadores de base agresivos, más preocupados de lograr resultados que de enseñar técnica individual, defensa o de reforzar valores relacionados con la generosidad o el espíritu de equipo.
Pero si la mayoría de los clubes, colegios, asociaciones y demás colectivos que trabajan con el baloncesto base tienen ese déficit respecto al perfil del entrenador-formador que deben tener en sus organigramas de trabajo, algo similar ocurre con el arbitraje. Igual soy muy antiguo, pero en mis tiempos me enseñaron que el árbitro de base es clave en la enseñanza del baloncesto. El árbitro que pita a benjamines, no solo debe sancionar una determinada infracción, sino ir un paso más allá y explicar porque se produce la infracción y se sanciona. Árbitros más experimentados deben ‘trabajar’ esos partidos de benjamines o alevines, junto a nuevos árbitros en formación. Debe haber una evaluación que rara vez se produce. ¿Dónde está el problema?, en el caso de los árbitros, evidentemente, en las federaciones.

Un ejemplo, el caso del ‘árbitro orquesta’ que comentaba que pertenece al colectivo arbitral de la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana. El chaval, jovencito él, se presenta a pitar su partido de infantiles. Los dos equipos calientan en una mañana fría, en una cancha a la intemperie. El árbitro señala los tres minutos de rigor para el inicio del partido, se coloca el silbato y coge un crono para compaginar labores arbitrales y de cronometrador. Previamente, como en la mesa no hay nadie, por no haber no hay ni mesa, requiere a un padre-voluntario que lleve el acta del partido, aún a sabiendas que ese padre nunca antes había visto un acta.
Balón al aire, y primeros problemas porque el partido es duro y requiere mucha concentración para ver lo que pasa en las zonas; las posesiones se extienden en demasía porque el pobre chaval anda nervioso y se le olvida vigilar adecuadamente el crono. El partido está igualado, le llegan reproches desde la grada de padres-forofos (muy habituales en estos tiempos) y ya, absolutamente estresado y fuera de sí, pide un tiempo muerto, para el partido y coge aire para poder enfilar los últimos minutos con algo de concentración. Al acabar le pregunto cómo está y por qué no ha tenido mesa y crono. Me dice que no es la primera vez que le pasa que faltan mesas y que faltan árbitros, y que él está perdiendo la ilusión y lo va a dejar porque así no puede seguir. Lógico, lo entiendo… pierde la ilusión él, la pierden los chavales, también los padres, los entrenadores. ¿Interesa a alguien el baloncesto base?

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