Querido lector,
Hace ya tiempo, alguien me contó una hecho sucedido en una estación de tren de la "España profunda" hace ya 60 años. Es corta y casi carece de argumento a primera vista, pero si vamos un poquito más allá de las letras, podremos descubrir muchas enseñanzas. Te invito a compartir tus reflexiones con el blog una vez leido.
Allá por el año 1960, un muchacho se dirigía con su padre hacia la estación de tren de su pueblo, una pequeña localidad de Cuenca, ya que estaba llamado por parte de la nación a realizar el servicio militar. Este chico, que provenía de una familia trabajadora, jamás había salido de su pueblo y no conocía nada a parte de las puestas de sol desde la plaza central, la matanza o la cosecha. Una vez en el andén, el padre del chico le pegó un empujón de repente a su hijo, y le hizo caer a las vías, que yacían solitarias a la espera del tren.
El hijo se levantó rápidamente y se apartó vías. Acto seguido le preguntó a su padre:
- Padre, ¿Por qué ha hecho eso?
A lo que el padre respondió:
- Hijo, nunca hemos podido ofrecerte nada. Ahora que te vas a la capital a servir al país, te he dado el empujón a las vías porque es el único consejo que puedo darte: No te fíes ni de tu padre.
¿Qué te parece? Te invito a que publiques tus impresiones aquí abajo, en el apartado "Comentarios"
¡Ah! Antes de dejarte de nuevo, querido lector, me gustaría recomendarte un blog que me ha llamado la atención mucho. Se trata de http://xcaperucitarosax.blogspot.com/]
Un Saludo, y hasta la vista.

Me ha encantado el hecho que relatas, yo también soy de las que piensa que no nos podemos fiar de nadie aunque nuestra naturaleza nos invite a ello.
ResponderEliminarMadre mía Robledo! entro aquí a leer un poquito tu espacio y me encuentro con que me nombras y además me recomiendas! me siento muy muy halagada de verdad...muchísimas gracias :)
Sigue publicando entradas, estaremos aquí para leerlas.
Unbesito